Me encanta ver la vida como viaje desde dónde estoy hacia dónde quiero ir. Emprender un camino. Se me ocurre que venimos con determinadas inclinaciones y fortalezas a las que escuchar para que sean como guías de lo que quiero experimentar, del sueño que quiero cumplir.

Identificar la vida con una aventura me entusiasma, me pone en escena como “la aventurera”, me divierte.

No siempre tuve esta mirada. Si bien no tenía claridad (no hubiese podido definir como veía de la vida) la sentía un sacrificio. Algo difícil. Experimentaba como una víctima de todas las circunstancias que me rodeaban.

Sin embargo siempre tuve (y tengo) una muy buena salud, un lugar bello donde vivir, siempre pude elegir que comer y cuando y, como hoy, siempre tuve gente que me quiere y a la que quiero, mucho. ¿Hay mucho más? Si, lo hay.

Carecía de los ojos “entrenados” para ver la belleza, para enfocar en la abundancia circundante, para cuestionar la insuficiencia y para atreverme a ser yo misma.

Honestamente creo que estas habilidades en la observación son mucho más importantes que las bendiciones que me rodeaban cuando estaba ciega.

Esto que digo no tiene nada que ver con el conformismo. Lo aclaro porque a veces pareciera que como estoy “bendecido” ¿para que moverme? Y no lo veo tampoco así.

Resulta que además de los privilegios con los que nacimos venimos dotados de talentos y de sueños y ellos son una responsabilidad. El aventurero no es tal si no se lanza a la aventura. Todo poder (o fortaleza) implica y alimenta una responsabilidad, un algo para ofrecer, una forma de contribuir. Y esto se constituye en el propósito.

Tenemos más. Recursos incorporados que funcionan de guía para no perdernos en el viaje de expresar nuestra misión. Estas son nuestras emociones. Que nos invitan a avanzar o a detenernos. Paso a paso nos acompañan en el trayecto. Delatan a nuestros demonios internos e inyectan entusiasmo frente a los desafíos.

Para emprender este viaje necesitamos un poco de claridad:

  • Saber desde dónde parto: ¿Quién estoy siendo? ¿Qué paradigmas me dominan? ¿Qué me detiene? ¿Que mirada “tengo puesta”?  ¿Qué beneficios obtengo de mi “estar siendo pequeño”?
  • Saber de mis posibilidades: ¿Quién soy? ¿Cuánto confío en mi? ¿Cómo me estoy juzgando? ¿Desde que lugar me juzgo?
  • Saber hacia dónde quiero ir: ¿Qué quiero? ¿Para qué? ¿Que parte de mi alimenta ese para qué? ¿Con quien(es) compartiré mi viaje?
  • Saber con qué recursos cuento para viajar: individuales (mis emociones, mis juicios, mis posibilidades de ampliar la mirada, mi protagonismo) y colectivos (mi circulo de ayuda, mis afectos, el resto de los aventureros que conoceré viajando, las personas con habilidades complementarias, etc)
  • Saber de mi capacidad de desarrollar habilidades para conectar conmigo y con otros: limpiar mi percepción, el silencio, las conversaciones (públicas y privadas), el compromiso con mi propósito y la satisfacción de ser oferta para los demás. De ser inspiración y ayuda para toda la tripulación.
  • Descubrir mi capacidad de contribución y desde ahí saber que todos somos uno.
  • Toda esta claridad bajarla al viaje mismo. Habitar el papel del constructor, el arquitecto de tu existencia.

Empezá ahora a observarte y atrévete a forjar este destino. Mirate como lo haría la persona que más te ama. Create un contexto de alegría para aprender. Reconecta con tu valor y salí a compartirlo. Si no se te ocurre por dónde arrancar te comparto un dato: la mejor señal es la diversión 🙂

Despertar al milagro que somos es nuestra consigna.

La “Experiencia 40 dias” es el programa 100% on-line con seguimiento personalizado que creamos para acompañarte y desafiarte en este viaje. El entrenamiento incluye cada uno de los puntos mencionados. Inicia el 2 de septiembre (con precio promocional hasta el 17 de agosto). Inscripciones abiertas.

Toda la información acá > EXPERIENCIA 40 DíAS SEPT

¡Quiero ser parte de esa tripulación que te acompaña!

Un beso

Gabrielle