Desarrollar una visión personal es como planificar un viaje. Si nos subimos a cualquier barco difícilmente abordemos al puerto que deseamos.

Para hablar de la importancia de escribir una visión reflexionemos juntos: ¿En que basas tus decisiones del día a día? ¿Surgen de lo que elegis o de lo que aprendiste que “debieras” hacer? ¿Estas liderando tu experiencia o estas siendo liderado por mandatos, obligaciones, carencias?

Si no te diste lugar y el tiempo a pensar: “lo que quiero para mi”, “hacia donde quiero ir (y con quien)”, “como quisiera hacerlo”, probablemente estés respondiendo a los desafíos de la vida desde lo que otros (padres, educación, sociedad, etc) pensaron para vos. No estas creando, estas obedeciendo.

Tener una visión personal requiere que te brindes el espacio de conectar con tu individualidad, con tu forma de contribuir, que imagines el mundo que soñas y que te hagas cargo del poder que tenes para crearlo. Ni más ni menos que tener el coraje de tomar la decisión de ser quien sos: el responsable de tus experiencias.

Generar tu visión, decidir el “QUÉ para mi y mi vida”, escribir tu propio guión, el destino del viaje: es ejercer el LIDERAZGO.

Hoy es muy común estar absorbidos por la ADMINISTRACIÓN, en el “como” del uso de los recursos (como llegar más rápido, como ser “exitoso”, como ganar más, cómo tener una pareja, etc, etc) sin habernos preguntado si eso, para lo que quiero ser “eficiente”, surge de mis propios planes e intereses. ¿Es lo que quiero realmente? ¿Esta alineado con quien soy?

¿Qué has venido a SER en este mundo? La respuesta a esta pregunta es el alimento principal de tu visión 🙂

Encontrar tus respuestas es la clave. Desarrollarla es lo más relevante para inyectarte pasión y experimentar el sentido de tus decisiones de SER y HACER.

Significa hacer en función de lo que te gusta, de tus significados. Implica estar centrado en quien sos y esta se transforma en la referencia principal para tomar decisiones. ¿Esto que estoy por hacer me lleva dónde quiero ir? Funciona como un mapa, un lugar de destino.

Es importante agregar que no necesariamente se hace una única vez. Genero mi visión actual con el nivel de conocimiento que tengo de mi mismo y a medida que crezco puedo ajustarla para que continúe siendo bien leal a mi.

Puedo cambiar, evolucionar. Y no tendría porque no hacerlo. No se trata de crear un ancla, sino un norte.

Por ejemplo; supongamos que en mi visión actual elijo ser médico. Tomo la decisión me inscribo en la universidad. Mientras aprendo reconozco que me gusta mucho el cerebro. Identifico que quisiera dedicarme a a neurología. Aprendo más y siento que fluyo con la cirugía. Creció mi autoconocimiento. Puedo decidir que dentro de la medicina quisiera hacer “neurocirugía”. Esto es válido para cualquier dominio y cualquier elección. Fue necesario haber emprendido el camino (empezar a estudiar en el ejemplo) para especificar mis pasiones. El camino se despliega andando.

Así, desde donde esté comenzando, es perfecto. Transitando el viaje sabré más (de mí y de la ruta) y podré elegir más conscientemente. O podré darme cuenta que no es para mí y decidir cambiar de sendero.

Es fundamental escucharme, animarme a fluir y usar mi visión para tomar decisiones. No es identificarla. Es VIVIR en la VISIÓN

Otra cosa que podemos esperar cuando aclaramos nuestros objetivos vitales en como hacerlo influye en la forma de mirar la vida. De pronto el foco está en posibilidades (entusiasmo), en los recursos disponibles y encontramos nuevas formas de viajar.

El mundo se beneficia enormemente cuando nos entregamos a nuestras pasiones con norte. La energía se expande (la tuya y verás como contagia), nos hacemos cargo de nuestra existencia (habitamos el poder de hacer que las cosas pasen) y decidimos la satisfacción.

¿Estas listo? Te animo a que empieces (ahora) a soñarte en todos los dominios de tu vida. El mundo y yo, esperamos tu grandeza 🙂

Un abrazo,

Gabrielle

Photo credit: hernanpba via Foter.com / CC BY-SA

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