Esta mañana me desperté pensando que tenía que escribir algo en la web, es parte de mi trabajo. Y mi ser esta en un profundo silencio. Estoy en “mute”. Me siento triste y esta emoción (los invito a observarla en ustedes) nos invita a aislarnos, a no interconectar, a relacionarnos solo con nosotros mismos.

Ayer mi hermano y su familia  emprendieron su vuelta a casa en Alemania, después de 25 días en Argentina. Y aunque la tecnología es bárbara y podemos comunicarnos todo el tiempo, mi cuerpo mucho no lo entiende. Me siento apagada y contraída, sin ganas de mucho.

Yo soy la más grande de tres hermanos y Gastón es el más chico. De niños nos peleábamos y no nos dábamos cuenta, no éramos conscientes, de cuánto nos queríamos.

Muchas cosas influyen en las relaciones entre hermanos. Mi manera de mirarlo era tan inadecuada como las etiquetas ridículas que los padres hacemos de nuestros hijos (¡por favor no etiquetes a tus hijos!) Así que aprovecho el post (ya lo haré personalmente) de disculparme con vos que estuviste tan injustamente  juzgado por nuestra mirada pequeña.

Ya pasada nuestra adolescencia además de hermanos fuimos socios. Pusimos un negocio los tres juntos  para resolver una situación económica familiar desafiante. Y los roles siguieron siendo parecidos ( ¡Me encanta recordar que frente a las dificultades los tres estamos juntos sin dudarlo!)

Hasta que el mayor y más hermoso hecho de nuestras vidas nos unió para siempre desde un lugar diferente. Fuimos padres por primera vez casi al mismo tiempo. Nuestros hijos son como hermanos (¡y mellizos!). Nacieron en el mismo hospital y compartieron pediatra. También fueron juntos a la misma guardería y en iguales horarios. Se pelean como nosotros lo hicimos y se aman de esa manera tan genuina y particular. Ayer, desde que los saludamos en la puerta de aduana, Romeo me pregunta“¿Y Emma? ¿Dónde está?” y me pone carita triste. A él también le duele esta despedida aunque sea transitoria.

Estos 25 días fueron mágicos. No sólo porque estamos más grandes, el tiempo y nuestras  ganas nos han transformado. Decidimos sanar y apostar a nuestros sueños. Eso también nos une.

Además de compartir casa (como cuando niños) almuerzos, paseos y hasta intercambiar puntos de vista, hablamos de lo que percibimos que fue, de lo que es y de lo que será. Y nos imaginamos cerca. Queremos compartir y que nuestros hijos se compartan. Yo amo a su familia y él ama la mía (¡Con perros incluidos!) Y eso tiene un valor incalculable.

No podría haber pensado en todo esto sin la tristeza de nuestro estar lejos, hermanito mío. Y como el coaching me atraviesa quise compartirlo con ustedes.

El enorme valor de saber qué es lo que nos importa es la función principal de esta emoción con tan mala prensa. Sin tristeza no sabríamos que camino  escoger, ni como priorizar. Sencillamente no sabríamos que es importante para nosotros.

Los Coachs usamos la “reconstrucción lingüística” de las emociones para invitar a nuestros coachees (clientes) a reconectar consigo mismos (solemos estar tan desconectados de nuestra propia sabiduría) y cuando lo sienten necesario a desafiar su mirada.

Te comparto la reconstrucción de la tristeza para que te lleves mejor con esta emoción cuando te visite. Como habrás leído en mi relato es quien me cuenta de cuanto valoro a mi hermano y su familia. Me muestra las ganas de estar cerca y en mi situación particular me siento invitada a agradecer cada momento compartido. Me siento feliz de que éste sea mi hermano Gastón.

¿Cómo reconstruir  lingüísticamente a la tristeza ?

1) Afirmo que “X” ha ocurrido (mi hermano se tomó el avión de regreso a su casa)

2) Juzgo que “X” constituye una pérdida para mí (Que él se haya ido a su casa, lejos de la mía, me hace pensar que me pierdo de compartir nuestras vidas diariamente)

3) Juzgo que hay  importantes  posibilidades que disminuyen  para mí (Nuestros hijos no pueden compartir el jardín, no podemos comer juntos los domingos, entre otras tantas)

4) Juzgo que “X” era importante para mí (Compartir cotidianamente con mi familia en general y con mi hermano en particular es importante para mi)

“Escuchemos la tristeza con especial atención. Ella siempre nos habla de algo importante” Julio Olalla

Haciendo la reconstrucción también podemos deducir que cada persona se pone triste por diferentes cosas. Es legítimo y natural. Si bien el mecanismo de cada emoción es el mismo para todos cada quién valora y juzga desde diferentes lugares y observadores.

Mi hermana Estefanía (a la que amo tanto como a Gastón) seguramente conectó con su excepcional generosidad y frente a una despedida como esta siente la felicidad de saber que están muy bien en Alemania. Y probablemente la pongan triste otras circunstancias.

Todos estamos dotados de los mismos indicadores y cada quien le resuenan en función de quienes están siendo en este momento. Así que si decidís conocerte a fondo, la clave está en tus emociones. ¡Son un magnífico sistema de orientación del que nos dotó nuestra naturaleza!

Por último te cuento que ya mi tristeza no es tan grande como cuando empecé a escribir este post. Cuando escuchamos lo que la emoción tiene para decirnos cede, su misión ya está cumplida.

¿Escuchaste lo que tu tristeza tiene para decirte? Su mensaje siempre es relevante.

Hasta la próxima

Gabrielle