Una de las inquietudes más dolorosas que he experimentado es la de estar un tiempo prolongado en el “no sé que quiero” en mi vida profesional. Me llevó cerca 30 años y tantísima frustración este saber que quiero ofrecerle al mundo que ahora, felizmente, habito.

También es de las inquietudes más comunes en las conversaciones de coaching. Un alto porcentaje de los coachees están aquietados por sus dudas, en especial sobre sí mismos.

Cuando no nos atrevemos a elegir es porque dudamos más de nosotros que de las opciones disponibles.

No saber lo que quiero por un rato no sólo es deseable sino necesario. Si todo el tiempo estuviésemos en la certeza sería un indicio de no estar creciendo o aprendiendo. Aprender requiere duda y confusión. Ahora si este estado se sostiene en el tiempo se parece más a la desconexión y a la sordera, que a estar transformándonos.

Es muy curioso como el sistema educativo en el que vivimos nos aleja de nuestras pasiones y los mismos entrenamientos escolares distan mucho de colaborar en fomentar nuestro autoconocimiento. En la generalidad de los planes educacionales se omiten groseramente nuestras emociones, como si no fuesen parte del aprendizaje. Como si yo pudiera dejar en “stand by” una parte de mí, renunciar a mi ser mamífero porque estoy en la escuela.

No puedo saber quien soy ni qué estoy queriendo sin conocerme. Y conocerme necesariamente involucra mis emociones. Es hasta biológico sentir. 

Así las conversaciones de coaching ontólogico cobran una importancia suprema como camino a redescubrirnos. Abren una puerta, ofrecen un contexto dónde el Coach te acompaña a aprender de estos vacíos que alimentamos cuando intentamos renunciar a lo que nos constituye: cuerpo, emoción y lenguaje en coherencia.

Mi invitación de hoy es a que tomes consciencia de que te está impidiendo saber lo que queres y te doy las claves revertir la tendencia. Qué te atrevas a explorar en tu propia sabiduría y que recuerdes que está ahí, habitándote, para que la uses.

Solo necesitas dejar de juzgarte

Te abrazo fuerte,

Gabrielle